A tu derecha has conseguido ver algo y al acercarte has podido comprobar que era, es el final del desierto, esta realmente lejos, pero si andaras sin descanso llegarías en algún momento. No sabes que hay más allá pero sin duda será mejor que este solitario desierto, sin embargo cuando llevas un rato caminando hacia el piensas algo, estas buscando un castillo en este desierto, pero si sales de él, nunca lo encontraras... Es justo, la recompensa es muy grande, por eso deberás sufrir mucho para lograrla. ¿que hacer? Salir y acabar con todo el sufrimiento? o seguir caminando bajo este calor sin la certeza de que encontrarás el castillo?
Decides que caminarás sin perder de vista el limite del desierto, hasta que encuentres una pista del castillo que te aleje de allí o hasta que no resistas más y decidas salir del desierto. Pero entonces delante de ti ves algo nuevo, tiene que ser un espejismo... A solo unos metros consigues ver un trozo de desierto de color verde, es hierba!, el tamaño justo como para que quepan dos personas de pie. Entras tan solo por el placer de sentir de nuevo algo bajo tus pies que no sea esa arena ardiente. Esta fresca, incluso fría dirías, pero es reconfortante.
Y delante de ti aparecen unos ojos, y luego una nariz, orejas y labios, es un rostro, el de una mujer, pero no sabes quien es, es traslucido, puedes ver a través de ella y sabes que no estará mucho tiempo. Entonces te habla.
-Dame un trozo de tu corazón y sembraré un rastro de briznas de hierba, que te lleven a lo más profundo del desierto.
-¿porque querría ir a lo más profundo del desierto? -preguntas
-Porque sabes que prefieres sufrir, este desierto, buscando respuestas, aventuras, sabiduría, diversión, amigos, amores, perdidas y al fin y al cabo experiencias e historias que compartir, a salir de él y vivir sin sufrimientos, hasta que te lleve la muerte, sin conocer los secretos de la vida.
-¿Y como se que es verdad que lleva allí? ¿como se que encontraré todo eso?
-No lo sabes. Ni siquiera puedo garantizarte que el rastro de briznas siga imperturbable ante el fiero desierto, no puedo prometerte que un día duermas y al despertar al siguiente, siga ahí para mostrarte el camino. Pero lo que si te puedo asegurar es que lo intentaré, porque si tu te pierdes y tu corazón se apaga, la parte que me des a mi también lo hará y con él morirá una parte de mi.
Puede que no tengas claro nada en tu vida, ni el camino a seguir, ni si te mienten o te dicen la verdad, ni si esas briznas te llevaran a alguna parte, pero una cosa has tenido clara desde pequeño, tu no naciste para tener una vida tranquila y sin preocupaciones, necesitas averiguar muchas cosas y lograr otras tantas antes de dejar que la muerte te lleve y además hay algo familiar en ese rostro que te hace fiarte de ella.
-Esta bien, acepto. Miras en tu interior y con cuidado sacas el objeto que ella quiere. Lo partes en dos mitades y dejas una sobre la hierba. Esta se unde como si estuviera sobre barro y desaparece. A la vez, una a una y a una pequeña distancia, empiezan a crecer pequeñas briznas que se adentran en el desierto y se alejan del limite. El rostro empieza a desvanecerse y sus ultimas palabras se pierden en el aire.
-Gracias, cuidare de él, cuida tu del...
Del que? del que?? te preguntas, pero ya a desaparecido y empiezas a andar siguiendo las briznas de hierba. A los pocos metros ,junto a una de ellas, distingues un pequeño objeto, es medio corazón! ¿ya se a cansado el espíritu de guiarme? Pero no, las briznas siguen su camino más haya de tu visión y se pierden entre las dunas. Al recoger el objeto te das cuenta de que no es tu corazón, pero es un corazón que conoces. Es el de ella, el mismo espíritu que vivía en el prado contigo y que viste desde el barco. Como no te has dado cuenta? Como ha pasado tan rápido? Te giras y ves que el circulo de hierba se a perdido en el tiempo y la arena y solo queda el rastro de briznas. Ahora tienes dos trozos de corazón.
Al juntarlos, ves que encajan y entonces comprendes. En algún lugar de su desierto, ella, con un trozo de tu corazón, sigue unas briznas de hierba para encontrar su camino. Caminas solo, pero ahora al menos sabes que alguien, aunque lejos, comparte tu camino. Aun no tienes muchas fuerzas como para salir corriendo detrás de las briznas, pero sientes que dentro de un tiempo si que las tendrás(a no ser que las briznas se acaben y vuelvas a estar perdido y con un trozo menos de corazón) Y piensas, que si algún día la encuentras y las briznas no han desaparecido, le agradecerás que compartiera un trozo del camino.
Rafa Pons - La ultima estación
Ha sido un placer quererla, Lo mismo digo (donsito) señor...
