Esas briznas que te acompañaban en el camino... A veces eran muchas y aunque no sabias a donde ibas, no te sentías solo. Otras veces tenias que andar un trecho hasta volver a ver alguna. Y otras incluso había un pequeño trocito de prado donde descansar. Pero estos últimos días las briznas habían sido muy escasas y sabias que algo ocurría. Hoy llegaste de repente y por sorpresa a un pequeño círculo de hierba, te sentaste, pero notaste que algo ya no era igual. Las hojas empezaron a secarse y en silencio esperaste. Cuando no quedaba nada te levantaste y seguiste caminando, no sin pararte varias veces a mirar hacia atrás o hacia cualquier parte por si veías una nueva brizna o afinando el oído por si el viento te llevaba a ellas. Pero no había más. No viste nada, ni el viento te llamó.
Ahora ya no sigues el camino de nadie, ahora ya nadie comparte tu camino. Ahora las sorpresas y alegrías que te depare tu camino, son solo para ti... Ahora todo el dolor que haya en tu camino, lo cargaras tu solo. Porque ahora, caminas solo.
Lo piensas y aunque duele, es lo justo. Era demasiado pedir para unas pequeñas briznas soportar parte de tu camino. Ahora el desierto ya no tiene verde... Y ya lo echas de menos.