“No soy capaz. Mi corazón se detiene. Y en su pena siento el triunfo de mi fracaso. Oigo un sol apagarse y una luna temblar de miedo y pena. No puedo hacerlo. Veo la decepción en la mirada de los demás y siento mis propios ojos intentando huir por pura vergüenza.
Mi mente, atormentada, me dice que no podré. Que me rinda. Que deje de luchar, porque ya soy una persona derrotada, un hombre sin suerte. Que los sueños que de niño inventé, jamas nadie los oirá, excepto yo. Me dice que incluso aunque consiguiera lograrlos, llegará el momento en el que vea mi tiempo agotarse y mi vida acabar y me de cuenta de que la he gastado en algo inútil y efímero. Y dice que entonces, llegará el tiempo en que ni siquiera quede alguien para recordarme. Llegará el tiempo en el que si aún queda algo, no habrá estrellas que lo alumbren. Y que entonces habré desaparecido entre toneladas de polvo y olvido, junto con mis estúpidos sueños.
No estoy seguro del porqué y creo que no quiero saberlo, pero por alguna razón, lo haré. Porque no había otra opción y nunca la hubo.”